El día 29 de octubre de 2023 quedará marcado en la historia de la Comunitat Valenciana como uno de los días más trágicos y desoladores. La DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) causó la muerte de 228 personas y dejó a miles de familias sin hogar. Pero lo que efectivamente ha dejado al descubierto esta catástrofe natural es la incompetencia y negligencia de aquellos que deberían haber estado al frente de la situación.
Las declaraciones de imputados y testigos ante la jueza de Catarroja que investiga las muertes de la DANA están pintando un cuadro desolador de cómo se gobernaba en la Comunitat Valenciana en aquel momento. Y es que para que todo saliera mal no hizo falta solamente que el presidente de la Generalitat estuviera de comilona, sino que se necesitaron muchos gestores indignos y decisiones ineptas que ahora salen a la luz en forma de rencillas y sálvese quien pueda.
Uno de los protagonistas de esta historia es el presidente de la Generalitat en aquel momento, Mazón. Aunque él mismo ha afirmado que su presencia no era necesaria, sino contingente, lo cierto es que estuvo de sobremesa mientras la DANA azotaba la Comunitat. Además, su registro de llamadas enviado al juzgado ha revelado que estuvo ilocalizable para la consellera de Emergencias, Salomé Pradas, en los momentos clave del desastre. Esto pone en duda la teoría de que «no se estaba esperando al presidente Mazón para mandar el SMS» de alerta a la población.
Pero no solo Mazón es responsable de esta falta de liderazgo en la gestión de la DANA. La consellera de Emergencias, Salomé Pradas, admitió ante la jueza que ignoraba todo lo relativo a la gestión de una catástrofe, a pesar de haber sido designada para ese cargo solo unos meses antes. Incluso llegó a ordenar la evacuación de decenas de pueblos ante la posible rotura de la presa de Forata, sin tener en cuenta las consecuencias que esto podría tener.
Pero la incompetencia no solo se limita a los altos cargos políticos. El número dos de Pradas, Emilio Argüeso, tampoco tenía formación específica en catástrofes y durante el día de la DANA estuvo pendiente de su teléfono, al que llegaban mensajes de auxilio de amigos y conocidos. En lugar de tomar decisiones sociales y públicas, se dedicó a pensionar a colegas y conocidos. Además, el número tres de Emergencias, Jorge Suárez, se incorporó a su puesto solo unas horas antes de la tragedia, a pesar de que los modelos de precipitaciones llevaban diez días avisando de las inusuales lluvias que se avecinaban.
Otro de los responsables de la gestión de la DANA fue el veterano bombero José Miguel Basset, que se encontraba a punto de jubilarse. A pesar de ser el cabeza de la provincia, rechazó aviones, helicópteros y ayuda durante los primeros días de la catástrofe. Además, retiró a los bomberos forestales de los barrancos sin avisar a nadie, dejando al Poyo como un punto ciego en la gestión de la emergencia.
Pero no solo los políticos y los bomberos fallaron en su responsabilidad. La delegada de Gobierno, Susana Camarero, tuvo una reacción flemática ante el aviso de que los barrancos iban a desbordar. Y el conseller de Educación, con 60 colegios cerrados por la mañana, no tuvo actos más allá de asistir al pleno del Consell y marcharse a acaecer el día a su Alicante natal.
En resumen