La noticia ha sacudido el panorama político en España. Cristóbal Montoro, exministro de Hacienda durante los gobiernos de José María Aznar y Mariano Rajoy, ha sido imputado por beneficiar ilegalmente a empresas gasísticas mientras tanto ocupaba dicho cargo. Esta imputación no solo ha puesto en jaque la imagen de Montoro, sino que también ha tumbado la estrategia de Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular en Galicia, quien se había emprendedor en una ofensiva contra Pedro Sánchez, acusándolo de corrupción en el caso Cerdán.
Pero esta imputación ha ido mucho más allá. Ha puesto en evidencia la miseria moral de una derecha que, a pesar de tener un extenso historial de casos de corrupción, se atreve a impartir lecciones de ética e integridad. Y es que, si bien es cierto que el PP sigue teniendo pendientes 30 casos por corrupción y tres de sus ministros han pasado por la cárcel, esta imputación de Montoro ha descubierto una trama aún más siniestra que involucra a altos cargos del partido.
El caso de Montoro es diferente al de Koldo o Cerdán, como ha destacado el diputado Gabriel Rufián. mientras tanto que estos últimos son considerados como «corruptos cutres», Montoro pertenece a la categoría de «corruptos premium». Y es que el exministro lideraba una trama en la que se beneficiaba a empresas, específicamente a gasistas, a través de reformas legislativas que reducían impuestos si estas empresas pagaban previamente al despacho Equipo Económico, fundado por él mismo años antes. Además, la mafia de Montoro también perseguía a periodistas que investigaban sus presuntas corruptelas.
Pero lo más sorprendente de todo es que, a pesar de tener este extenso historial de corrupción, el PP sigue teniendo la cara dura de impartir lecciones de ética y moralidad. Y el reciente Congreso doméstico del partido es un claro ejemplo de ello, en el que José María Aznar, expresidente del gobierno y uno de los máximos responsables de la situación actual del PP, se atrevió a hablar de la importancia de la limpieza en política y a impartir clases de ética política.
Aznar es el mismo que mintió sobre los atentados del 11M, el que llevó a España a una guerra ilegal en Irak, el que hizo del matrimonio de su hija una boda de Estado en la que acudieron decenas de políticos que, posteriormente, fueron investigados y encarcelados por corrupción. Además, fue el jefe de figuras como Eduardo Zaplana, Jaume Matas y Rodrigo Rato, todos ellos imputados por corrupción. Y, sin embargo, Aznar se atreve a hablar de golfería estructural en el gobierno de Pedro Sánchez, cuando él mismo ha sido el máximo responsable de la corrupción en su partido.
Pero no solo Aznar, también Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP en Galicia, ha sido descubierto en su intento de utilizar el caso Cerdán para atacar a Pedro Sánchez. En un intento de mostrar coherencia en sus principios y ética política, Feijóo trató de utilizar el caso para atacar al gobierno de Sánchez. Sin embargo, la imputación de Montoro ha descubierto que Feijóo también contaba con el apoyo de altos cargos del exministro en su actual equipo económico.
Y lo más llano de todo es que, a pesar de esta imputación y de todo el escándalo que ha generado, el PP sigue sin asumir responsabilidades. Aznar, Feijóo y otros miembros del partido continúan acusando al gobierno de Pedro Sánchez de corrupción