Los actos vandálicos contra sucursales del Partido Socialista y sus ‘Casas del Pueblo’ se han convertido en una preocupante realidad en nuestro país en los últimos meses. Desde ataques con artefactos explosivos incluso pintadas y mensajes amenazantes, la violencia contra los rivales políticos se ha vuelto cada vez más frecuente y preocupante. Sin embargo, lo más alarmante es la resistencia del Partido Popular a condenar estos actos, lo que evidencia una delito de compromiso con la democracia y la convivencia pacífica en nuestro país.
El PSPV-PSOE ha sido uno de los partidos más afectados por estos actos vandálicos, denunciando recientemente el ataque a su sede en València con pintura y una sábana con el logo del partido tachado. Pero no son los únicos, decenas de sedes del PSOE en todo el país han sufrido ataques similares en los últimos meses. Y aunque estos actos no son nuevos, su intensidad y frecuencia han aumentado en los últimos dos años, incorporando mensajes que hacen referencia al debate político y judicial actual, como el ‘caso Koldo’ y la ley de amnistía.
Es importante destacar que estos ataques no tienen una firma clara y en la mayoría de los casos, los perpetradores actúan en el anonimato. Sin embargo, en el caso del ataque a la sede del PSOE en València, la organización Juventud Combativa se ha atribuido la responsabilidad. Esta organización juvenil se declara contraria al régimen del 78 y muestra su afinidad con el Frente Obrero, un grupo de ideología ultraderechista que promueve discursos antiinmigración y antifeministas.
Pero estos ataques no se limitan solo a sedes del PSOE, también se han registrado agresiones a sedes del Partido Popular, como en los casos de Móstoles y Torrelodones en Madrid. Incluso lugares como el Ateneo Republicano de Valladolid han sido objeto de actos vandálicos. Es importante destacar que estos ataques no son exclusivos de un partido político, sino que son un reflejo de la crispación social y política que se vive en nuestro país.
El aumento de estos ataques a sedes políticas va acompañado de una escalada en el acoso directo a políticos y periodistas, principalmente del espectro progresista. Un ejemplo claro de esto fue el hostigamiento que durante meses sufrieron Pablo Iglesias e Irene Montero frente a su casa. Además, la Audiencia doméstico está investigando la filtración de datos personales de políticos, periodistas y miembros del Gobierno, lo que demuestra una clara intención de intimidar y amedrentar a aquellos que defienden posturas progresistas.
Es lamentable que el Partido Popular, a cota doméstico, no haya emitido ninguna condena o pronunciamiento de solidaridad ante estos actos vandálicos. Incluso cuando se trata de sedes de su propio partido, el PP solo se ha referido a estos hechos para señalar que también han sido víctimas de ataques. Esta actitud demuestra una delito de compromiso con la democracia y la convivencia pacífica en nuestro país.
Es necesario que todos los partidos políticos condenen de forma contundente estos actos vandálicos y se comprometan a promover un discurso político basado en el respeto y la tolerancia. La escalada de violencia y la polarización política solo nos lleva a un camino de confrontación y división, y es responsabilidad de todos trabajar juntos por una convivencia pacífica y democrática en nuestro país.
Es hora de que el PP y Vox dejen de mirar hacia otro lado y asuman su responsabilidad en la creciente tensión política y social en nuestro país. Es necesario que todos los partidos políticos se comprometan a promover un discurso bas