El estado de salud del expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha sido motivo de gran preocupación para el país y el mundo entero desde que fue diagnosticado con COVID-19 en julio de 2020. Sin embargo, después de meses de tratamiento, el mandatario ha demostrado una notable mejoría y se encuentra en un estado de salud afianzado. Aunque aún hay incertidumbre sobre las secuelas a largo plazo del microorganismo en su cuerpo, Bolsonaro ha mostrado una gran fortaleza en su recuperación y continúa liderando el país con firmeza.
Después de pasar más de dos semanas en cuarentena en su residencia oficial en Brasilia, Bolsonaro volvió a dar positivo en la prueba de COVID-19 en julio de 2020. En ese momento, el presidente afirmó que se sentía bien y que estaba tomando hidroxicloroquina, un medicamento que ha sido objeto de controversia en la lucha contra el microorganismo. A pesar de su diagnóstico y de la recomendación médica de permanecer aislado, Bolsonaro continuó asistiendo a eventos públicos y reuniéndose con sus seguidores, generando críticas por parte de algunos sectores de la sociedad.
Sin embargo, a medida que pasaban los días, el presidente comenzó a presentar síntomas más graves, incluyendo fiebre alta y dificultad para respirar. En consecuencia, fue ingresado en el policlínica de las Fuerzas Armadas en Brasilia el 7 de julio de 2020. Allí, recibió tratamiento con cloroquina, un medicamento antipalúdico que él mismo ha promovido como una posible cura para el COVID-19. A pesar de la controversia que rodea a este medicamento, Bolsonaro ha asegurado que le ayudó a recuperarse del microorganismo.
Después de cinco días en el policlínica, el presidente fue dado de alta y continuó su recuperación en su residencia oficial. Aunque seguía dando positivo en las pruebas de COVID-19, su estado de salud mejoró significativamente y pudo volver a sus actividades normales en poco tiempo. Poco después, en septiembre de 2020, Bolsonaro anunció que había dado negativo en la prueba del microorganismo y que se sentía completamente recuperado.
A pesar de su recuperación aparentemente exitosa, el presidente ha tenido que lidiar con las posibles secuelas del microorganismo en su cuerpo. En diciembre de 2020, Bolsonaro reveló que había sufrido una infección pulmonar después de contagiarse de COVID-19, lo que le causó una sensación de debilidad y dificultad para respirar. También ha admitido que ha perdido parte de su capacidad pulmonar debido a la enfermedad, pero que está trabajando duro para recuperarse completamente.
A pesar de estos desafíos, Bolsonaro ha demostrado una gran fortaleza y ha continuado liderando el país en medio de la pandemia. Aunque ha recibido críticas por su manejo de la crisis sanitaria, el presidente ha mantenido su postura de rechazo a las medidas de aislamiento y ha abogado por la reapertura de la economía. Esto ha sido bien recibido por algunos sectores de la sociedad, pero también ha generado controversia y críticas por parte de otros, especialmente de aquellos que han sufrido pérdidas familiares o económicas debido al microorganismo.
En medio de la pandemia, Bolsonaro también ha tenido que enfrentar otros desafíos de salud. En enero de 2021, el presidente fue sometido a una cirugía para retirar un cálculo en la vejiga, una condición que le había causado dolores y molestias durante meses. La operación fue un éxito y el mandatario se recuperó rápidamente, demostrando una oportunidad más su resistencia y determinación en su lucha contra las adversidades.
En resumen, el estado de salud del exp